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Imagen de México y medios de comunicación

Imagen a México a debate en el núm. 6 de Internacionalistas
Imagen a México a debate en el núm. 6 de Internacionalistas

Por J.A. Brambila

Publicado originalmente en la revista Internacionalistas.

En la construcción de la reputación de un país intervienen notablemente los medios de comunicación masiva y digitales, nacionales y extranjeros. Aunque resulta muy difícil medir con cierta precisión los efectos de la cobertura en medios, gobiernos y tomadores de decisiones sospechan que una mala cobertura resulta pernicioso. Quizás influenciado con esta idea, el ex presidente Felipe Calderón Hinojosa exigió (en agosto de 2009, en enero de 2011 y en junio de 2012) a los medios de comunicación hablar bien de México. De acuerdo con el ex presidente, en la prensa parece que “sólo hay espacio para la tragedia” y que se busca eliminar “todo resquicio de esperanza” o “anhelo futuro” para los mexicanos (Simonnet, 2008). Por esto, resulta conveniente indagar el papel que tienen los medios de información en la contribución, diseminación y magnificación de la mala imagen de México. Para profundizar en lo anterior, primero, cabría cuestionarse por el porqué de la mala imagen de México.

Al buscar este porqué, en un artículo reciente, Villanueva (2012) formula dos hipótesis, una endógena y otra exógena: La primera explica que la imagen de un Estado se construye desde el interior y que es el resultado de acciones coordinadas entre los actores instituciones (gubernamentales, empresariales y sociedad civil). De acuerdo con esta explicación, la mala imagen de México fue resultado de una falla de cálculo que no previó, por una parte, los efectos de la estrategia frontal contra el crimen organizado y, por otra, la ausencia de coordinación entre los actores involucrados, de forma destacada, los medios de comunicación.

La segunda, exógena, asume que en un sistema internacional anárquico y competitivo las imágenes nación de los Estados se configuran en beneficio de los Estados dominantes y de sus intereses, con lo cual facilitan y acrecientan la influencia de los actores hegemónicos. En consecuencia con esto, la imagen de México depende, principalmente, de lo que Estados Unidos, sus élites, medios de comunicación y productos culturales digan sobre México.

La comprobación completa de ambas hipótesis, como el mismo Villanueva advierte, es imposible, pues la explicación más convincente se encuentra en algún lugar entre los factores internos y externos. Más allá de las múltiples vertientes derivadas de estos factores, aquí desarrollo solamente la dimensión mediática de ambas hipótesis. Al interior, propongo que las principales limitaciones de comunicaciestadounidenses e informaci medioslformaciontra el narcr mejores tnsión del gobierno Federal no permitieron generar mensajes capaces de impactar positivamente en medios nacionales. Al exterior, argumento que los principales medios de información estadounidenses alimentan la mala imagen de México para satisfacer las demandas internas y externas de las elites estadounidenses[1].

“Gobernar es comunicar…”

Con la decisión del ex presidente Calderón Hinojosa de declarar una batalla frontal contra el crimen organizado (a menos de una semana de haber entrado en funciones), como un forma de contrarrestar su déficit de legitimidad (Meyer, 2007; Castañeda, 2010; Enciso, 2010), el primer mandatario privilegió la estrategia permanente en contra del crimen organizado sobre otros temas (el conflicto poselectoral y el problema político-social en Oaxaca)[2].

Por lo anterior, resultó necesario implementar una estrategia de comunicación acorde con los objetivos de seguridad. Sin embargo, esto resulto un desafío mayúsculo para el gobierno, primero, porque no supo qué comunicar; segundo, por que no hubo un mensaje coordinado en las instituciones encargadas del tema y, tercero, por el incremento en la competencia comunicativa del crimen organizado.

En agosto de 2010 el entonces presidente Calderón Hinojosa reconoció: “No hemos sabido explicar qué estamos haciendo” (Ramos, 2010). El Gobierno federal percibía su incapacidad por articular una narrativa coherente sobre el combate al crimen organizado. A lo largo de la guerra contra el narcotráfico, ni los objetivos de la guerra, ni los decomisos y capturas, ni las operaciones policiaco-militares, ni el porqué de los 70,000 muertos quedaron claros (SEGOB, 2013)[3]. El fracaso en materia de comunicación no fue un problema de forma, sino de fondo. El gobierno Federal no fue capaz de saber qué comunicar porque tampoco tenía claro qué estaba haciendo: fijó objetivos generales, que cambiaban año con año, sin métricas para medirlos[4].

Además, la premura de la estrategia permanente contra el crimen organizado tomó por sorpresa a los equipos de comunicación de las dependencias, por lo que fue imposible articular una estrategia articulada entre las dependencias involucradas. La descoordinación implicó que las estrategias de comunicación no sólo no fueran convergentes entre las instituciones involucradas, sino tampoco adentro de las mismas, pues no fueron capaces de crear planes de comunicación consistentes y a largo plazo. Tiempo después, Alejandra Sota, encargada de la comunicación presidencial, reconoció que, respecto a este tema, no había narrativa ni protocolos: “Era un fenómeno que se vivía por primera vez”, se justificó, “[constituyó] un enorme reto: no había diseño de protocolos en materia de seguridad” (López, 2013).

Aunado a lo anterior, las organizaciones criminales incrementaron su competencia comunicativa. Al estar permanentemente expuesto a la ciudadanía y a otros sectores con los que comparten y compiten por el mercado, las orgnizaciones del crimen organizado tiene la necesidad de trasmitir diferentes tipos de mensajes. Con este motivo, los grupos delincuenciales implementan estrategias de comunicación que van desde compra y coacción de periodistas y medios de información, hasta uso de mantas en lugares públicos para referirse a competidores, autoridades u opinión pública. Estas acciones tuvieron alto impacto en la cobertura periodística local y nacional.

Ante esta cobertura gratuita, muchas veces producto de la coacción, en 2011, el Gobierno federal lanzó una iniciativa para reducir la cobertura de la violencia en los medios, llamado Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia. Meses después de la entrada en vigor del Acuerdo, no es posible determinar que dicha acción desembocó en cambios significativos en la forma y fondo de la cobertura sobre violencia que realizan los 700 medios firmantes.

En medio de la campaña frontal contra el crimen organizado, el gobierno percibió que los problemas mediáticos y de comunicación internos también se reflejaban al exterior, por lo que, entre noviembre de 2008 y julio de 2012, invirtió 90 millones de dólares para mejorar la imagen del país. El dinero se utilizó, principalmente, para hacer campañas de publicidad y relaciones públicas internacionales y para contratar expertos extranjeros en la materia (Gómez, 2012).

A finales de 2010, el británico Simon Anholt se unió a este esfuerzo. Entre otras cosas, la estrategia de Anholt reconoció el papel qué juegan los medios de información en este fenómeno y realizó roadshows y seiscientos entrevistas con medios de gran impacto en el extranjero (The New York Times, The Washington Post, The Wall Street Journal, entre otros). Lo anterior con el fin de presentar a la audiencia información “real” de la situación en México y proporcionarle “contenido favorable” para mitigar el “contenido negativo” (Díaz y Pérez, 2012). A pesar de los seis mil quinientos millones de impactos que dicha estrategia tuvo (Díaz y Pérez, 2012), la misma resulto insuficiente pues los corresponsales y directivos de medios extranjeros sólo son el eslabón más visible del conjunto de actores y relaciones que explican la dimensión mediática de la mala imagen de México en el exterior.

“… y tan cerca de Estados Unidos”

Desde finales del siglo XIX la prioridad de la política exterior de Estados Unidos hacia México se definió en el mantenimiento de la estabilidad y seguridad en su frontera sur (Schiavon, 2006), las olas de violencia, inseguridad y crueldad que azotan México en años recientes representan una amenaza para Estados Unidos. En septiembre de 2010, Hillary Clinton, secretaria de Estado estadounidense, dijo: “Enfrentamos la creciente amenaza de una red bien organizada, una amenaza del narcotráfico que, en algunos casos, se está transformando en, o haciendo causa común, con lo que nosotros consideraríamos una insurgencia” (Brooks, 2010).

Dicha amenaza —potencial, real o imaginaria— se encuentra manufacturada y difundida por medio de películas, videojuegos y series televisivas estadounidenses, publicaciones académicas y de divulgación, compañías trasnacionales norteamericanas, élites políticas y medios de comunicación. Estos últimos, dada la alta concentración mediática y la alta influencia que tienen (cuatro de los seis conglomerados que concentran la industria mediática mundial son estadounidenses (Castells, 2010), provocan un impacto nacional, hemisférico y global.

En 2008 la conservadora revista Forbes dedicó su edición de noviembre a tildar a México de “estado fallido”, producto de la mezcla de narco-terror y crisis económica (Bogan, et al., 2008). Este tipo de notas, alarmistas, que tienen fuerte resonancia en la prensa mexicana, inundaron los principales medios estadounidenses y fueron la principal caja de resonancia para que la mala imagen de México se expandiera internacionalmente. De a cuerdo al East West Global Index, que aglutina un análisis de contenido de más de 40 medios internacionales (como The New York Times, The Economist, entre otros) México es uno de los países con peor cobertura en medios. De 200 países, México está al fondo de la tabla —el lugar 188 en 2008; 197, en 2009; 196, en 2010 y 192, en 2011— y comparte lugar con países como Pakistán e Irán.

La presencia de esta imagen en los medios estadounidenses se debe, en parte, al éxito del narco como noticia. De acuerdo a          Anholt (2012), los ingredientes de esta historia son similares a la mezcla entre una emocionante y violenta película de gángsters de Hollywood y el más atractivo reality de televisión. Simplemente irresistible para cualquier editor que quiera vender periódicos.

Sin embargo, la cascada de malas noticias sobre México no sólo es producto del éxito del narco como noticia, sino que también del interés de las élites estadounidenses de encuadrar de esta forma a México. En este sentido, en su papel de potencia hegemónica, Estados Unidos “tendría el interés de posicionar a México como una nación subalterna, asignándole estereotipos como los de un país incivilizado, exótico y violento” (Villanueva, 2012). Por una parte, —como ocurrió en la guerra contra el narcotráfico en Colombia y Centroamérica, en las décadas de los 80 y 90 (Chomsky, 1992)—, con el propósito de justificar el control e intromisión estadounidense en la región. Muestra de ello son las revelaciones hechas por The New York Times en noviembre de 2011 sobre la operación en México, con agentes de la CIA, de una base militar “como las que Estados Unidos emplea en Afganistán” (Thompson, 2011).

Por otra, con el propósito de usar a los mexicanos como “chivo expiatorio” de sus problemas, tales como “consumo de drogas, delincuencia y desempleo” (Villanueva, 2013). Tal y como lo resumió el Departamento de Justicia estadounidense: los carteles de la droga mexicanos representan “la mayor amenaza para ciudadanos y fuerzas de seguridad” en Estados Unidos (Seper, 2009).

Conclusión

Tanto al interior como al exterior, los medios de comunicación son clave para entender los problemas de imagen de México. Dadas las implicaciones y magnitud del fenómeno, este escapa del alcance de los gobiernos y depende, en mayor medida, de empresas privadas de medios de comunicación nacionales e internacionales. No obstante, la formulación de estrategias de comunicación y mensajes clave por parte del gobierno representa un área de oportunidades para el gobierno mexicano.

Incorporar estrategias de comunicación gubernamentales consistentes, coordinadas y mantenidas a largo plazo, sobre todo en el tema de narcotráfico, seguramente tendrán un impacto positivo en la cobertura mediática, sin embargo, el principal obstáculo para mejorar la imagen de México es de fondo y no de forma, pues la dicha imagen depende más del éxito o fracaso de la estrategia frontal contra el crimen organizado que de la cobertura mediática.

  1. Anholt, Simon (2012). “Mito y realidad: la imagen internacional de México”, Revista Mexicana de Política Exterior, 96, Julio – octubre de 2012. http://www.sre.gob.mx/revistadigital/images/stories/numeros/n96/anholt.pdf
  2. Brooks, David (2010). “Crece en México insurgencia de cárteles: Clinton”, La Jornada, 9 de septiembre. http://www.jornada.unam.mx/2010/09/09/politica/002n1pol
  3. Jesse Bogan, Kerry A. Dolan, Chistopher Helman y Nathan Vardi (2008) “The next disaster”, Forbes, 12 de abril. http://www.forbes.com/forbes/2008/1222/073.html
  4. Castañeda, Jorge (2009). “Calderon´s war of choice”, Slate, 14 de abril. http://www.slate.com/…/calderns_war_of_choice.html‎
  5. Chabat, Jorge (2010), “La respuesta del gobierno de Calderón al desafío del narcotráfico: entre lo malo y lo peor”, Los grandes problemas de México, Vol. XV, Seguridad Nacional y Seguridad Interior, Arturo Alvarado y Mónica Serrano (coord.), México, El Colegio de México.
  6. Castells, Manuel (2010). Comunicación y poder, Alianza Editorial, Madrid.
  7. Chomsky, Noam (1992). Deterring Democracy, Vintage Books, London. http://uchebalegko.ru/docs/7/6612/conv_1/file1.pdf
  8. Enciso, Froylán (2010). “Los fracasos del chantaje. Régimen de prohibición de drogas y narcotráfico”, Los grandes problemas de México, Vol. XV, Seguridad Nacional y Seguridad Interior, Arturo Alvarado y Mónica Serrano (coord.), México, El Colegio de México.
  9. Guerrero, Eduardo (2012). “La estrategia fallida”, Nexos, 1 de diciembre. http://www.nexos.com.mx/?P=leerarticulo&Article=2103067
  10. Gómez, Thelma (2012). “Gastan 900 mdp en mejorar imagen”, El Universal, 19 de agosto. http://www.eluniversal.com.mx/notas/865102.html
  11. López, Mayolo (2013). “La volátil imagen presidencial”, Reforma, 9 de mayo. http://busquedas.gruporeforma.com/reforma/Documentos/DocumentoImpresa.aspx
  12. Krauze, Enrique (2010). “México contemporáneo (1988-2008)”, en Historia de México, Presidencia de la República, Fondo de Cultura Económica y Secretaría de Educación Pública, México.
  13. Meyer, Lorenzo (2007). “Cada quien su guerra, Reforma, 18 de enero. http://busquedas.gruporeforma.com/reforma/Documentos/DocumentoImpresa.aspx.
  14. Schiavon, Jorge (2006). “México-Estados Unidos. Estabilidad y seguridad a cambio de autonomía”, en En busca de una nación soberana. Relaciones internacionales de México, siglos XIX y XX, CIDE/SER, México.
  15. Secretaria de Gobernación (2013), Presupuesto de egresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2013. (Consultado el 20 de julio de 2013) en: http://www.diputados.gob.mx/LeyesBiblio/pdf/PEF_2013.pdf
  16. Seper, Jerry (2009). “Obama faces Mexican drug war”, The Washington Times, 2 de enero. http://www.washingtontimes.com/news/2009/jan/02/obama-faces-mexican-drug-war/?page=all
  17. Simonnet, Carol (2008). “Llama Presidente a tener esperanza”, Reforma, 5 de septiembre. http://busquedas.gruporeforma.com/reforma/Documentos/DocumentoImpresa.aspx.
  18. Thompson, Ginger (2011). “U.S. Widens role in battle against mexican drug cartels”, The New York Times, 6 de agosto.

http://www.nytimes.com/2011/08/07/world/07drugs.html?pagewanted=all&_r=0

  1. Ramos, Jorge (2010). “FCE: regular drogas es debate medular”, El Universal, 4 de agosto. http://www.eluniversal.com.mx/nacion/179487.html
  2. Villanueva, César (2012). “Imagen país y política exterior de México”, Revista Mexicana de Política Exterior, 96, Julio – octubre de 2012. http://www.sre.gob.mx/revistadigital/images/stories/numeros/n96/introd.pdf

[1] Cabe advertir que la mala imagen de México no surgió con la resonancia mediática de los graves problemas de violencia y narcotráfico que azotan al país, sino que ya venía de antes, y estos fenómenos la profundizaron. Por lo tanto, no asumo que los problemas de imagen del país son recientes o que sólo tienen su origen en los saldos mediáticos de la guerra contra las drogas, aunque sí creo que la dimensión mediática es crucial para resolverlos.

[2] Las principales críticas a esta interpretación encuentran su asidero en la “necesidad”, incluso desde antes del gobierno de Calderón Hinojosa, de establecer acciones contundentes contra un problema, el narcotráfico, que cada vez se volvía más importante (Chabat, 2010; Krauze, 2010). No obstante, en este artículo se asume que Calderón Hinojosa “decidió crearse la imagen de un líder fuerte que contrarrestara los resultados de una victoria electoral nada impresionante y lograda por métodos dudosos” (Meyer, 2007). En otras palabras, debido a su baja legitimidad política. Prueba de ello no sólo es la estrategia frontal contra el crimen organizado, sino también la acción contundente de la policía federal contra las movilizaciones sociales en Oaxaca, pero a diferencia de la segunda, en el primer caso es difícil establecer indicadores de éxito o fracaso.

[3] La cifra de muertos producto de la estrategia frontal en contra del crimen organizado es objeto de polémica. Aquí utilizamos las cifras proporcionadas en febrero de 2013 por la Secretaría de Gobernación (2013) para el periodo de 2006 a 2012.

[4] Guerrero (2012) identifica cuatro errores de esta estrategia, que son: 1. Fijó objetivos generales, pero no métricas que permitieran corroborar si se avanzaba en la consecución de estos; 2. Varios objetivos se modificaron año con año. 3. El Gobierno federal confundió, en varias ocasiones, los objetivos con los medios para alcanzarlos, y 4. El Gobierno federal no consideró la forma en que los criminales iban a responder a las acciones del gobierno (lo que hubiera permitido tomar medidas preventivas y plantear objetivos adicionales).

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